Veus post-Bach

He visto la película de Pere Portabella El silencio antes de Bach y, puesto que no soy capaz de las florituras de un crítico, sólo diré que es un filme hermoso. No hay que buscarle argumento alguno, se trata de lúcidas pinceladas que discurren por el siglo XVIII, el de Bach; el XIX, de Mendelssohn; y el XXI, de un camionero que goza con la música de Johann Sebastian. Si alguien pone en duda la verosimilitud de que a un común transportista puedan deleitarle las obras de Bach, puedo mencionar el joven zapatero remendón de mi barrio, el cual acompaña su trabajo con música clásica de fondo. Y además, puedo asegurar que conozco cantidad de universitarios carentes de toda sensibilidad artística y válidos sólo para hablar de su profesión o de fútbol.
El viaje que emprende la película a través del tiempo y de los personajes nos proporciona momentos magníficos como el del conjunto de violonchelistas tocando frente a frente en un vagón de metro vacío mientras se oyen pasar otros convoyes por la vía paralela, como la música de Bach sobresaliendo potente, fascinante, arrolladora.
¡Qué importa todo lo prosaico, el ruido infernal que nos embiste cada día si podemos gozar interiormente del maestro de maestros!
Nos encontramos más delante - después de una navegación por las aguas procelosas del Elba discurriendo entre soberbios castillos - frente al órgano de la Escuela de Santo Tomás de Leipzig, donde Bach ocupó el puesto de kantor, y nunca sus tubos habían aparecido tan cercanos y palpables, con el aire lanzando impresionantes acordes.
Existe también un desnudo de mujer, cuerpo terso y bien proporcionado que se mueve con parsimonia, a plena luz, como pieza más del acervo de belleza que nos proporciona el filme.
Desde la época de Mendelssohn, cuando éste encuentra una partitura de Bach usada para envolver mollejas, rota y manchada de sangre, han transcurrido dos siglos. Y ahora es tan posible que esto ocurra como lo fue entonces. No tendría que deberse precisamente a la mano irreverente de un carnicero, un peón albañil o un conductor de camión. Cualquiera podría incurrir en similar escarnio, lo podríamos descubrir al desenvolver el último invento tecnológico.
Por fortuna, aún hay quienes piensan, hacen, producen o visionan películas como esta del silencio antes del estallido sonoro, armonioso e inconmensurable de Bach.
Eulàlia Solé (La Vanguardia 11.01.08)

admin – 11 gener, 2008 – 11:19